16.8.07

Una Sacudida

Ahora con un tema un poco más serio, como puede reflejarlo mi mejorada ortografía.
Estaba, para variar, tocando piano en la sala de mi casa, a eso de las 6 y 40, en el primer piso; tratando de sacar "Coleccionista de Canciones" de Camila :) , cuando empezó a temblar un poco. Como aquí en Lima, y sobre todo en La Molina (donde vivo), se sintien a menudo movimientos por el cambio de estación, no me alarmé y trate de seguir tocando piano. Pero al ver que el temblor seguía, me paré y me agarré de un muro cerca de las escaleras hacia el segundo piso. Aterrada veía como los muros de la sala se meneaban como bailando "La Culebrítica". Arriba estaban mi hermana, mi papá (recién despertado de una siesta, que yo le dije que tomara, ya que el se tenía que ir a pagar unas cosas) y mi empleada, también agarrados de un muro. Me fijé en el reloj rápidamente y eran las 6 y 45.

Como no paraba el temblor, y los adornos de la biblioteca empezaban a caer, a pesar de estar bastante nerviosa yo misma, les grité que que bajen despacio. Bajaron, y no sabíamos que hacer por un momento, mientras las ventanas se movían violentamente y las copas de la vitrinas sonaban. Mi papá decidió que vayamos a la puerta del jardín, ya que en la de la cochera habían ventanas y podría ser que se caigan encima de nosotros. Una vez allí, para abrir la puerta y el candado necesitábamos las llaves, y las infelices estaban en el segundo piso temblando junto a un ventana. Antes de que mi papá o cualquiera me agarrara, yo corrí y diestra como soy de correr es las escaleras, llegué hacia ellas y cogí las llaves. Abrimos la puerta, y con horror veíamos como los postes de la luz se balanceaban y escuchábamos como la gente vecina de los edificios de al frente gritaba, ya que casi todo el edificio estaba lleno de niños. Entonces se apagaron las luces de las calles y de las casas, todo a oscuras, y todos pensamos que allí quedábamos.

Cuando se volvieron a prender, ya estábamos afuera, temblando y rogando que se acabara, y la alarma del carro de mi papá chillaba como loca, y mi perrita en la zotea ladrando.

Poco a poco fue parando, y apenas terminó parcialmente, mi papá corrió al teléfono a llamar a mi mamá, que se había quedado en la clínica para una infiltración que debián hacerle en los hombros; mientras nosotras nos quedamos afuera temblando y al borde de las lágrimas. Toda la gente de la urbanización estaba afuera en la pista, y los niños lloraban. Mi papá volvio diciendo que mi mamá estaba nerviosa y que quería que todos viniéramos a recogerla.

Entonces, subimos al segundo piso a ponernos casacas abrigadoras. Los movimientos seguían, pero antes era mi mamá. Dejamos la puerta de la zotea abierta para que mi perrita pudiera escapar en caso de que pase algo, y salimos a la puerta de la cochera, para darnos con la sorpresa de que unas tejas le habían caído al carro. Fue allí donde poco a poco me di cuenta de lo que acababa de vivir, de sobrevivir, y entramos al carro.

Mientras manejaba mi papá, veíamos como las gente estaba en las calles, abrazados y esperando a que terminaran las replicas. Los ladrillos de una construcción, que estaban apiñados uno sobre otro, ahora estaban rotos en la pista, bloqueando la mitad del carril.
Cuando en la radio escuchamos las numerosas llamadas de la gente, y una de ellas decía que se habia originado un incendio en el centro comercial El Bosque. Lo peor, que fue un balde de agua fría para mi, fue cuando en la radio anunciaron: "Acabamos de recibir la información que el movimiento telúrico ha sido de 7.9 grados en la escala de Richter, señores, ha sido un terremoto..."

Me quede helada. Para mi, que los terremotos estaban tan lejanos, que sólo los escucharía en las noticiaso en los libros de historia... fue atroz. Llegamos a la clínica, y ni bien abrí la puerta para buscar a mi mamá ella se adelantó, llorosa, y la tratamos de tranquilizar en el camino de vuelta, lleno de tráfico y de personas que reclaman a la luz roja con el cláxon de sus carros, para llegar rápido a sus hogares. Mi mamá contó que un señor la ayudó a bajar las escaleras, y que junto a otra señora agarraron un rosario, se abrazan y se pusieron a rezar. Jamás he vivido algo así...

Cuando llegamos a la casa les ofrecí un poco de agua tibia, para calmar los nervios. Estuvimos un rato sentados en la cocina, hasta que una réplica sucedió y decidimos mejor salir a la calle. Mi mamá estaba muy nerviosa, y por las fuerzas la hicimos sentarse en un banquito.

Las horas restantes las pasamos escuchando la radio, siempre acompañados de los insistentes movimientos, y con los nervios de punta. Para dormir, armamos en los muebles una cma con las colchas, y mi papá bajó un colchón para mi mamá, que se negó y quiso que yo y mi hermana durmiéramos allí; mientras ella dormía en el mueble, asi como lo hacían mi papá y Mary. Yo no pude dormir en toda la madrugada, tal vez cerré los ojos de 2 y media a 4, pero no logré descansar.

Creo que eso es lo que me pasa cada vez que pasa algo malo. Estoy tranquila, hablo claro, doy instrucciones y pienso rápido. Mary estaba sorprendida de mi calma...¿pero acaso yo estaba bien? Me parece que sufro una transformación x) La nerviosa Gabriela se va, y aparece otra persona, sin preocupaciones y muy atrevida. Pero al final de todo, cuando lo peor ya pasó y no hay mucho por qué preocuparse, vuelvo. Es un poco extraño porque recién allí me doy cuenta de lo que realmente pasó, y poco a poco lo siento más y todo se me viene encima.

A pesar de lo que pasó en mi casa y en Lima, somos afortunados, porque no nos ha pasado lo peor. A este momento ya hay 480 muertos, y mas de 1000 heridos, en localidades como Pisco, Chincha e Ica. Hasta ahora no nos hemos comunicado con mi tía. Todos los países y el Papa nos han mandado aliento, y la gente con la que hablado de Veritaserum me han dicho que lo vieron en las noticias y que lo sienten.


Yo también lo siento, por toda esa gente que se ha quedado sin familia, sin hogar, sin nada.


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